Por S. Calavera Otra noche en Xalapa. En la habitación del fondo de la cuartería han pasado la mayor parte del día emborrachándose Roberto, Rodrigo y Rodolfo. Comenzaron bebiendo cerveza y ahora toman caña. Fuman. Hablan. —A mí ya me está dando hambre. — Dice Rodolfo. —Sí, a mí también. — Agrega Rodrigo. —¡Vale verga! El pedo es que no tenemos varo.— Responde Roberto. —Hay que pensar qué hacer… Igual vamos con el francés a pedirle unos baguettes. —¿Cuál francés? —Aquí derecho, a la altura de la escuela. —¿Y apoco te fía?- Preguntan a Roberto los otros dos. —¡Sííí! ¡Ahorita! A ver qué le decimos, yo ya lo he cotorreado… —¿Entonces tú lo conoces? —Ajá. —¡Pues vamos! Y salen a la calle, la Manuel Hernández. Caminan cuatro cuadras en dirección a la unidad de humanidades. Llegan al negocio del francés; vende baguettes y crepas y refrescos en un local no muy grande. Entran. El francés está al fondo. —Vas. — Le dicen a Roberto en voz baja. Se dirige al fondo. Habla con él m...