Foto: Monserrat Cazorla. Duele, duele tanto que siento cómo el sol arde en mi piel. Duele tanto que me quema las entrañas, que me duele incluso respirar. Mi pecho está hundido, y mis pulmones arden tanto como si el infierno mismo estuviera dentro de mis vísceras. He observado los ojos del egoísmo, y la sonrisa de la muerte y duele. Duele verla sonreír, y mis heridas sangran de nuevo, como si un puñal estuviera clavado, clavado, tan clavado que la sangre se ha convertido solo en una enorme mancha oscura, oscura y vacía, como yo. ¿Cuándo podrán sanar estas llagas del pasado? No estoy segura de que pueda. Celis me dijo que las personas nos dañan desde que nos conciben, desde ahí vienen los estragos, desde ahí no te quiere; y yo le creo, le creo, porque hay dolores más profundos que los que notas en mi cara cuando no digo nada y entrecierro los ojos para dejar de sentirme sola, oh, mi dulce niña, ve a las más de 100 personas que vienen a tu lado en el me...